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No es perder, es dedicar

José Ángel Guedea Adiego

7º Dan de Judo - Árbitro Nacional - Maestro Entrenador Nacional

No es perder, es dedicar

 “No tengas miedo de hacer algo que te cueste mucho tiempo. El tiempo pasará de todas formas, por eso debemos utilizar bien el tiempo que pasa”. Earl Nightingale.

Como en alguna ocasión ya he comentado “yo también tuve 20 años”. Y como es propio de esa edad salía con mis amigos. En ocasiones las noches se alargaban y el regreso a casa era de madrugada y no siempre en las mejores condiciones…

Lo normal al día siguiente la mayor parte de las veces, era tener una sensación de haber perdido el tiempo, sentía un vacío importante.

Aunque imagino que eso es muy personal. Yo podía sentir eso, pero seguro que de entre mis amigos muchos no. Para unos perder el tiempo es una cosa y para otros, otra. 

También pienso que en la utilización del tiempo es un tema de prioridades, y poco a poco de madurez…

A mi me puede parecer que salir de copas es una perdida de tiempo pero entiendo que no es así, cuando sea una forma de relacionarse, conocer gente, cerrar negocios…

Es todo una cuestión de valores, cuestión de tiempo… 

Decía mi madre: “Nadie te preguntará lo que te ha costado sino lo que eres”

Y el tiempo pasará de todas formas hagas lo que hagas y lo dediques a lo que lo dediques. Quien no ha dicho, o quien no ha pensado “tengo que perder una mañana en ordenar mi cuarto”. 

Y refiriéndose a Judo quien no ha dicho “tengo que perder una sesión en practicar el kata, en repasar el suelo…” y si lo pensamos bien, no es perder, es dedicar.

Tengo un alumno que ahora ya y desde hace un año es cinto negro. Tiene un problema cerebral de nacimiento y su psicomotricidad y coordinación es deficiente. 

Sus padres lo apuntaron a Judo de pequeño y el niño con sus carencias comenzó a evolucionar. Evidentemente no aprovechaba la sesión como los demás y su progreso, aunque evidente, era distinto. 

Sus  padres en una ocasión siendo cinto verde borraron a su hijo del club aduciendo que no aprovechaba bien las sesiones. El niño tenía un problema cerebral y con la psicomotricidad alterada hacía lo que podía y evidentemente no aprovechaba la sesión como sus compañeros. 

Lo que esos padres no sé si se daban cuenta de que a poco que hiciera, el niño con estar allí ya estaba cumpliendo y progresando, el hecho de cambiarse solo, de estar en judogi en una clase de Judo con un grupo de amigos era beneficioso fundamentalmente para él, también para mi y por supuesto para sus compañeros.

Afortunadamente el niño pidió volver y sus padres lo reintegraron. Sigue viniendo y hace sus dos días de Judo a la semana en un ambiente en que se encuentra bien, donde es conocido, se siente valorado y querido y quizá es la razón por lo que pidió volver.

Evidentemente en el momento de decidir a que dedicar tu tiempo existen unas prioridades, una escala de valores. 

Ya alguna vez he contado que yo tuve un accidente con el coche que me mantuvo apartado del Judo y de mis rutinas un tiempo importante.

Volvía de Manresa de unos entrenamientos en el club de Mauri y me di de frente con otro coche. Llevaba a tres alumnos que afortunadamente salieron ilesos y el peor parado fui yo.

Del accidente sé lo que me han contado. Comencé a despertar en la UCI. Recuerdo todo en nebulosas, visitas de mi familia, de mis amigos, alumnos…

Y pasé a planta. En la habitación como ya no te sedan, te enteras más y toca asumir la situación. 

En una de las primeras visitas, del doctor Albareda, el traumatólogo que me recompuso, oí cuando dijo a mi familia: “ahora tres meses sin apoyar la pierna y luego empezaremos a recuperar…”

Y yo, “recién llegado”, sin conocer de nada al personal pensé: “este tío no sabe lo que dice. No tiene ni idea de quién está hablando. En cuanto me quiten el drenaje…”

Pero tres meses dijo el doctor y tres meses estuve sin apoyar la pierna. Luego me enteré de que está todo muy estudiado y que existen unos protocolos en medicina en cuanto al tiempo de cicatrización, osificación etc… en las recuperaciones.

Y me mandaron a casa y los tres meses que no pude apoyar los pasé acostado, viendo la tele, leyendo, atendiendo visitas, escribiendo o de paseo en silla de ruedas.

Tengo que reconocer que durante ese tiempo fui muy afortunado. Mi familia, mis amigos, y muchos alumnos que se volcaron, estaban siempre pendientes de mí. Las clases del club y de los  colegios donde impartía las asumieron ellos. 

No me faltaba nunca un amigo, una visita que se prestara a sacarme a la calle. Cerca de mi casa hay un parque y me hice asiduo de sus avenidas y de sus terrazas con mis amigos.

Cumplidos los tres meses me autorizaron a empezar andar. Recuerdo mis primeros pasos dando vueltas agarrado a la mesa grande de comedor en el salón de casa, delante de mis hermanos y amigos que me miraban con recelo.

Pero a partir de ese momento, que puedes ponerte en pie y comenzar a andar, nada es perder el tiempo.

El tema es, de qué llenas ese tiempo. Mi prioridad en ese momento era volver a mi vida anterior. Tratando de recuperar mi autonomía, volví a coger la moto y el coche para desplazarme. Con mis limitaciones me puse el judogi y comencé a retomar mis clases.

Lo más relevante en esa etapa fue la participación como entrenador en las Jornadas de Torrelavega con el maestro Leberre, que tenía apalabradas con mi amigo Raúl Merino desde mucho tiempo antes.

Fueron las primeras y no estábamos muchos. Pero con la ayuda de todos mis amigos, los participantes del curso y la presencia del maestro Leberre, el curso salió adelante.

Y toda esa dedicación durante todo ese tiempo hizo seguro que mi recuperación fuera más rápida. 

En una reciente copa de Aragón cadete, había cintos verdes, azules y casi todos marrones, pero había algún competidor que era ya cinto negro. Y era evidente una diferencia, una superioridad, una madurez, un saber estar distinto sobre el resto. 

Y pienso que no es el hecho de ser uno u otro color, sino que el llevarlo le ha supuesto una dedicación mayor, un mayor tiempo de trabajo, con la consecuencia de ser mejor.

 

Como dice Machado: 

“El ojo que ves no es

ojo porque tú lo veas;

es ojo porque te ve.” 

 

Pasado a nuestro campo se podría decir:

“El que lleva un cinto negro

No es más fuerte ni hace mejor.

Es más fuerte y es mejor,

por haber obtenido el cinto negro.”

 

Y como dice Sato: el valor del deporte radica más que en el objetivo, en el proceso empleado en conseguirlo.

Se ha realizado recientemente un paso de grado en Zaragoza. Mis alumnos que el sábado eran cintos marrones, el lunes vienen a entrenarse vestidos de primer dan…, y hacen más fuerte y mejor. 

Cuando lo comento con mi alumno David Crespo me dice: “es todo psicológico maestro”, y quizá sea así. 

Pero es evidente que todo el trabajo extra realizado y el tiempo dedicado en las últimas semanas, motivado por el examen, sale a la luz, porque cuando empleamos nuestro tiempo a fondo en una actividad tenemos que tener claro que “no es perder, es dedicar…”